VISIÓN PERÚ
Por Mesías Guevara Amasifuen
Cada cinco años, durante el proceso electoral, Fuerza Popular utiliza el miedo como principal argumento. Advierte sobre la llegada del comunismo y afirma que terminaremos como Venezuela, donde el chavismo habría impuesto una dictadura marcada por la corrupción, el control de las principales instituciones, el desconocimiento de la voluntad popular expresada en las urnas y el distanciamiento de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
Sin embargo, en el Perú actual, el Congreso —a través de un pacto entre partidos políticos— ha modificado 53 artículos de la Constitución para establecer la bicameralidad, romper el equilibrio de poderes con un «super Senado» y copar instituciones clave como el Tribunal Constitucional, la Defensoría del Pueblo, la Junta Nacional de Justicia, el Ministerio Público y el Poder Ejecutivo, donde han colocado a un presidente a su medida. Próximamente, buscan controlar también el sistema electoral y el Poder Judicial, mientras suenan tambores de guerra para retirarnos de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
Asimismo, utilizan la Subcomisión de Acusaciones Constitucionales del Congreso para inhabilitar a funcionarios públicos y políticos que consideren una amenaza para su proyecto político o simplemente como acto de venganza. También la utilizan para blindar a oscuros personajes que son piezas clave del pacto.
La Junta Nacional de Justicia, por su parte, les sirve para no ratificar a jueces y fiscales que resulten incómodos para los miembros del pacto que gobierna desde el Parlamento.
Diversas carteras ministeriales son vistas como un botín al que saquean sin remordimientos. En el Ejecutivo campea la corrupción como respuesta a una repartija entre quienes gobiernan desde el Congreso.
Las fuerzas políticas que hoy gobiernan desde el Congreso han llevado al Perú a una condición que bien podría llamarse «Peruzuela»: no por la llegada del comunismo, sino por la adopción silenciosa de prácticas autoritarias, corruptas y concentradoras del poder.
El argumento del miedo al chavismo es, visto en este contexto, un recurso pueril y psicosocial. Frente a él, el voto ciudadano debería ser un acto de rechazo a las prácticas antidemocráticas y a quienes buscan gobernar con impunidad.
Publicado en el diario Ahora Jaén el 25/05/2026.
