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04-03-2024

LUCES EN LA MONTAÑA

La luna, despejó a las nubes oscuras hasta permitirnos ver el cielo azul con millones de estrellas. En segundos pasamos de la oscuridad a la claridad, la luna y las estrellas reinaban en el firmamento.

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Por Mesías Guevara

A bordo de una vieja camioneta pick up, con Adrián, partimos hacia las montañas de Colasay y Chontali, fuimos a visitar a los amigos y familiares. El vehículo tenía muchos años encima, sus llantas estaban en lona, la suspensión hecha añicos. Los baches no solo remecían a su vieja estructura metálica, sino también a nuestros esqueletos.

Aunque el camino era sinuoso, el día estaba hermoso, acompañado por un majestuoso valle verde, las ermitañas cabañas instaladas en las faldas de los cerros, emitían humo blanco en señal de vida. Los que vamos en la tolva, de vez en cuando tenemos que inclinar la cabeza, para no ser alcanzados por las ramas de los árboles que se extendían sobre la trocha carrozable. Luego de pasar peripecias llegamos a Chontalí.

Después de disfrutar de una corta pero agradable estadía, nos dispusimos a regresar, el día llegaba a su fin, la luz del sol se fue extinguiendo y la noche llegó haciendo que la oscuridad se vuelva total.

La máquina empezó a rodar, el piloto encendió los faros, estos emitían luces tenues. El trajinado alternador se quedó sin fuerzas para alimentar a los faros.  La luz parpadeaba lentamente y luego se apagó hasta dejarnos en obscuridad. El conductor detuvo la marcha y sacó una linterna e intentó reparar la falla, con voz de cansancio y derrotado nos dijo: No lo puedo reparar, pasaremos aquí la noche y partiremos al alba.

Siguiendo las instrucciones del conductor, nos acomodamos en la tolva de la camioneta, y al disponernos a descansar, apareció un haz de luz sobre nosotros sacándonos de la oscuridad. Sorprendidos por el hecho, levantamos la mirada y vimos a la luna, que se abría paso entre las oscuras nubes. En ese momento, me dije a mí mismo: “Dios mío, que hermosa es la luna y está muy cerca de mí”. Estiré mis manos intentando tocarla. 

La luna, despejó a las nubes oscuras hasta permitirnos ver el cielo azul con millones de estrellas. En segundos pasamos de la oscuridad a la claridad, la luna y las estrellas reinaban en el firmamento. El camino se podía ver con facilidad, sin salir de nuestro asombro, sentimos que empezamos a movernos, en lugar de rodar sobre el agujereado camino, estábamos flotando sobre él. Una extraña fuerza nos empujaba hacia adelante, era como un viento de abril, es decir, fresco y algo húmedo. La luz de la luna se hizo más intenso.

Maravillado por el hermoso espectáculo, dirigí la mirada hacia las montañas, que estaban cubiertos por árboles, sobre ellos la luz era intensa, penetraba hasta hacer que emitan luces de color rojo intenso, era hermoso lo que estábamos viendo.

En las entrañas de la montaña, había destellos. ¿Qué es eso? Pregunté, Adrián me contestó: Es oro. ¿oro?, volví a preguntar, sí, volvió a responder, en estas montañas hay mucho oro, incluso en el río lo puedes encontrar, añadió. Intuitivamente miré al río y efectivamente del fondo de sus aguas salían las luces, rojas e intensas.  La quietud era sin igual, los árboles tranquilos se levantaban en su plenitud. Cerca de nosotros había árboles, al mirarlos noté que la luz también los penetraba, pude ver sus cortezas y su composición interna, en ellos había destellos verdes claros con pintas de color amarillo.  La perfección era impresionante, las flores, las aves, los peces, todos los animales también eran penetrados por la luz y emitían destellos, entre mí, me decía debe ser su aurea.  Notamos que la luz también nos penetraba, y emitíamos un destello rojo que salía de nuestros corazones.

¿Qué es esto?, ¿qué está pasando? pregunté en voz alta.   Adrián nuevamente muy diligente me respondió: Es una revelación, la madre tierra a través de la luna nos está revelando, la esencia, la armonía y el equilibrio de este valle y de la naturaleza en general. La esencia manifiesta que todo es energía, la armonía refleja que todo debe estar en su lugar y el equilibrio proyecta la divina proporcionalidad. ¿revelación? ¿por qué a nosotros? Adrián murmuró, la madre tierra quiere que le digamos al mundo que es imperativo que la respetemos, que no todo es dinero y que el tiempo se está agotando.

¿Cómo sabes eso? le pregunté. Soy descendiente de maestros espirituales, me respondió. Ellos eran curanderos, tenían el don de conversar con los animales, de ver el futuro a través de las estrellas. En noches serenas, se sentaban sobre las verdes hierbas y extendían sus brazos abriendo sus pechos, dirigiendo la mirada al cielo, y entonando una canción se conectaban con el cosmos. Ellos me han dado la tarea de cuidar el ambiente, y formar un ejército con guardianes que en su corazón alberguen un profundo amor por la madre tierra. Luego me invitó a enrolarme a su ejército y hacer extensiva la invitación a los que han leído este artículo, yo ya acepté y tú, ¿aceptas?  

Publicado en el Diario Ahora Jaén

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