#VisiónPerú
Por Mesías Guevara Amasifuen
Frente a la asfixia de un Perú formal excluyente, surge con fuerza el Perú informal. Es una respuesta a un Estado excluyente que deja fuera a la gran mayoría de ciudadanos. Los peruanos al no sentirse representados ni parte de este sistema, optan por construir su propio sustento al margen de él.
La consecuencia de esta exclusión es la privación de servicios públicos de calidad. La educación y la salud estatales son deficientes, lo que obliga a las familias a realizar enormes esfuerzos para acceder a colegios y clínicas privadas, asumiendo costos que deberían ser cubiertos por el Estado. Esta precariedad se extiende a una policía que no puede garantizar la seguridad ciudadana y un transporte público insuficiente y peligroso.
Incluso cuando reciben servicios públicos concesionados, como las telecomunicaciones o la electricidad, se enfrentan a tarifas elevadas que no se corresponden con la calidad del servicio. Así, el Estado, en lugar de ser un facilitador, se convierte en un obstáculo más.
Contrario a la creencia, el Perú informal sí paga impuestos. Lo hace de manera indirecta a través del Impuesto General a las Ventas (IGV) en cada factura de luz, teléfono o compra de insumos. Sin embargo, al no estar formalizado, no puede recuperar dicho impuesto a través de un «escudo fiscal».
Esta exclusión financiera los empuja a los márgenes del sistema crediticio. Sin acceso a préstamos bancarios, la única alternativa suele ser el temible «gota a gota» y los agiotistas, que imponen tasas de interés usureras que perpetúan el ciclo de pobreza, o la solidaridad de las «juntas».
El peruano informal genera su propio empleo con ingenio y tenacidad en la costa, sierra y selva. Esta vasta red de microempresarios actúa como una válvula de escape crucial para la economía, absorbiendo mano de obra y evitando mayores conflictos sociales. No obstante, ello tiene un costo alto, trabajan en la más absoluta desprotección, sin acceso a pensiones, seguro de salud ni ningún tipo de red de seguridad social.
El desafío que se tiene es preparar el camino para una transición viable hacia la formalidad. Esta tarea que es titánica requiere una transformación profunda:
- Un Estado Eficaz y Transparente: Se debe construir una institucionalidad que ofrezca educación y salud pública de calidad, combata la corrupción y evite el despilfarro.
- Incentivos Reales, no solo Obligaciones: La formalización no puede ser solo una carga. Debe incluir el impulso decidido a las MYPES mediante créditos blandos, capacitación, acceso a mercados y tecnología. La calidad y competitividad de su producción deben ser una política pública.
- Equidad Tributaria: Es fundamental revisar las exoneraciones tributarias que benefician a grandes grupos empresariales y combatir con igual firmeza la evasión y elusión en todos los niveles, para que todos contribuyan de manera justa.
El Perú formal debe integrar al informal en un nuevo pacto social. Esto implica romper paradigmas arraigados tanto en el sector público como en el privado, reconociendo en la informalidad no un problema a erradicar, sino el síntoma de un Estado que ha fallado. La meta es construir un país donde la formalidad sea una opción rentable y protegida para todos.
Publicado en el diario Ahora Jaén.