Por Mesías Guevara Amasifuen
El historiador José Luis Ayala Olazábal en su obra “Este Cautiverio y agonía sin fin”, rescata la figura de Fernando Tupac Amaru Bastidas, hijo menor de José Gabriel Condorcanqui (Tupac Amaru II) y Micaela Bastidas. Fernando sufrió la brutalidad de la represión española tras la rebelión que lideraron sus padres, quienes se alzaron contra los abusos de los corregidores, el trabajo forzado en minas y obrajes, y la discriminación contra indígenas y mestizos. Aunque el movimiento movilizó a miles, fue derrotado en 1781, para luego enfrentar un destino trágico. Fernando de aproximadamente de 10 años fue obligado a ver el descuartizamiento de su padre, la ejecución de su madre, de su hermano Hipólito, y el asesinato de otros familiares, con atrocidades inimaginables.
Luego de ser testigo de ese sangriento episodio por orden de las autoridades coloniales fue enviado a España junto a otros prisioneros. Su viaje fue un calvario: de Cuzco hacia Lima caminó descalzo, encadenado y sin alimento, la caminata fue larga y penosa en condiciones infrahumanas envueltas en aires de odio y venganza. Tras estar encerrado en el Castillo Real Felipe del Callao, lo enviaron en barco hacia Cádiz con una vida marcada por el sufrimiento, donde murió su hermano Mariano durante la travesía. Al llegar a España fue encarcelado en el castillo de San Sebastián en Cádiz.
Fernando escribió cartas al rey Carlos III implorando clemencia, libertad y reconocimiento de su nobleza inca. Sin embargo, sus peticiones fueron ignoradas, nunca recibió respuesta. Saliendo a relucir su resiliencia, como producto de la educación que había recibido de sus padres con valores de liderazgo y orgullo andino. Fallece en 1798 en cautiverio y en una tierra lejana, dando lucha por la dignidad y la justicia.
Más de dos siglos después de su trágico deceso, Fernando ha regresado simbólicamente al Perú. Una urna con tierra del cementerio donde posiblemente fue enterrado llegó al país. Su regreso nos ha traído a la memoria la rebelión histórica que lideraron sus padres y la crueldad del sistema colonial, así como, la resiliencia de Fernando. Y llega en el momento que nuestra democracia atraviesa por una agonía. Donde ciertos aventureros disfrazados de políticos han tomado por asalto al gobierno al que ven como un botín a saquear.
Fernando encuentra un Perú similar al que sus padres con valentía combatieron, es decir: millones de peruanos abandonados y empobrecidos por un modelo económico que «siembra pobreza para cosechar mendigos», que están desprotegidos por precarios servicios de salud y educación, condiciones laborales que confirman que se ha ido “del cholo barato al regalado”. Donde campea la corrupción y la persecución política a los que consideran peligrosos como rivales políticos, hasta darles muerte civil donde los verdugos son los congresistas.
Hoy, la gran mayoría de peruanos pasan por las penurias que pasó Fernando, viviendo en un cautiverio moderno encadenados por la desigualdad y atormentados por la inseguridad ciudadana, por la preocupación de caer enfermos y no poder curarse o no tener dinero para alimentar y educar a su prole, por la desesperanza que empuja a miles de jóvenes a migrar al extranjero, en busca de la oportunidad negada enfrentando xenofobia y desarraigo, por la indolencia, ceguera y sordera de las más altas autoridades del legislativo, ejecutivo y judicial, que no escuchan su clamor.
Fernando, ha regresado en libertad para gritarnos que es hora de luchar contra la desigualdad, la injusticia y rescatar la patria amada de las garras delincuenciales, que tenemos que resistir ante la crueldad demencial y represiva que hoy vivimos desde el gobierno y desde las organizaciones criminales. Que el camino a seguir es de sacrificio y resistencia para construir un país más justo y libre, que seamos los Tupac Amaru de hoy, así la narrativa oficial pretenda invisibilizarnos como lo hicieron con él.
Publicado en el diario Ahora Jaén.
