#VisiónPerú
Por Mesías Guevara Amasifuen
La transparencia es fundamental para realizar una gestión pública con eficacia, necesaria para generar bienestar social, cuando la transparencia está ausente en la actuación de las autoridades y de los funcionarios públicos, provoca que las instituciones que dirigen se conviertan en el reino de la mezquindad, del robo, de la mentira y de la codicia. En ese reino prima “a río revuelto ganancia de pescadores”, por eso con desesperación buscan adueñarse de los fondos públicos y favorecer a sus allegados, para lo cual sin escrúpulos recurren a actos ilícitos como el direccionamiento de las obras públicas y a la contratación de personal que no cumplen con el perfil profesional, de manera incoherente y antiética se aumentan el sueldo, los viáticos, despilfarran el dinero en actividades que no tienen impacto positivo en la sociedad. Su objetivo es enriquecerse y hacer caja para financiar su campaña electoral, privilegian el clientelaje sobre la gestión técnica. Con el objetivo de elevar su ejecución presupuestal gastan sin calidad recurriendo a triquiñuelas como: el adelanto directo y de materiales para iniciar la ejecución de obras (muchas veces sin tener en cuenta que el proceso de selección ha sido observado por el OSCE), devengados ficticios, reducción del marco presupuestal, manipulación de los programas de salud y educación, entre otros.
Actúan sin autocontrol y sin límites, consideran que sus acciones son las de un político audaz e intrépido y que lo que están haciendo es política, cuando en realidad corresponden a las típicas acciones que realizan las organizaciones criminales.
En su afán por parecer como buenos gestores recurren a las mentiras y a la mezquindad, se apropian de obras que otros las gestaron e iniciaron desde la elaboración del expediente hasta su ejecución, vuelven a emitir resoluciones aprobando expedientes técnicos. Y no tienen la valentía de asumir la responsabilidad de sus malas decisiones, simplemente culpan a su antecesor.
Su ambición desmedida y falta de transparencia, hace que hagan caso omiso a las acciones de control de la contraloría general de la república, igual ocurre con los dictámenes que realiza el OSCE, por las cuales el titular del pliego en lugar de declarar nulo el proceso o retrotraerlo a la etapa anterior, lo valida, poniendo en riesgo la conclusión de la obra. En esa línea los procesos de selección los adjudican al 100%, cuando por lo general es al 90% con desempate electrónico, para este propósito utilizan comités de selección integradas por funcionarios de su “confianza”. Su “ideología política” hace que miren al gobierno como un botín, al que deben saquear durante su período de gestión, el cual les parece corto, por eso transgreden las normas y los procesos, su angurria es más fuerte que el respeto por las leyes y el pueblo que representan.
Cuando no hay transparencia las autoridades se comportan como las oprobiosas dictaduras, se esfuerzan por controlar la información y comprar silencios informativos. Si bien es cierto el gobierno nacional ha diseñado plataformas como el portal de transparencia del ministerio de economía y finanzas, páginas web de los gobiernos descentralizados, mecanismos de rendición de cuentas como las audiencias públicas, estos han sido silenciados, manipulados y tomados por intereses subalternos, convirtiendo a los ciudadanos en simples espectadores. Es urgente que establezcamos un sistema de transparencia que ayude a recuperar la confianza en la democracia, para ello debe contener información veraz y oportuna para que los ciudadanos puedan fiscalizar y ejercer una actitud vigilante, que permita desterrar está frase, “si votas por corruptos, no eres víctima, eres cómplice”, la cual encontré escrita en la pared de una localidad del Perú profundo, la misma que me invoca a preguntarles si por las actividades que están realizando son: ¿víctimas o cómplices de la corrupción?
Publicado en el diario Ahora Jaén.
