Por Mesías Guevara Amasifuen
Como profesor universitario, autoridad y dirigente político, he tenido la oportunidad de conversar e intercambiar ideas con jóvenes de las diversas regiones del Perú, de las zonas urbanas y rurales. Encuentro en ellos un corazón palpitante por la peruanidad, fuente de energía, creatividad y cambio, que les impulsa a luchar por la grandeza del Perú. Sin embargo, sus aspiraciones y sueños chocan con una realidad llena de desafíos que muchas veces hacen que terminen entre la frustración y el desengaño.
Urge apoyar a nuestros jóvenes a transitar con éxito por el camino de la vida, que, con una visión de futuro compartida por todos, asuman el liderazgo de la gran transformación de nuestro país. Para lo cual es urgente implementar políticas públicas para hacer realidad uno de sus principales anhelos que es acceder a una educación de calidad. A pesar de que persisten brechas significativas en la calidad de la enseñanza, especialmente en zonas rurales, están buscando oportunidades para estudiar carreras técnicas o universitarias, que les permitan insertarse en un mercado laboral que cada vez es más competitivo. Por eso es importante ampliar y fortalecer PRONABEC para ayudarles a financiar sus estudios, y garantizar que la educación sea inclusiva y relevante para las demandas del siglo XXI.
El acceso a un empleo digno es otra de sus grandes preocupaciones. Tenemos que consolidar un sistema laboral que ampare sus derechos y su capacidad para planificar un futuro estable. Los jóvenes no solo buscan trabajo, sino también oportunidades que les permitan desarrollarse profesionalmente, con salarios justos y condiciones laborales adecuadas. Los sectores como la tecnología, la innovación y la sostenibilidad los ven como campos prometedores, pero requieren de mayor inversión y capacitación.
Destaca su espíritu emprendedor, muchos jóvenes están dispuestos a crear sus propios negocios, impulsados por la necesidad de generar ingresos y la pasión por innovar. Por ello, es necesario facilitarles el acceso a financiamiento, capacitación y redes de apoyo. Impulsar iniciativas públicas y privadas, que fomenten el emprendimiento juvenil para dinamizar la economía y reducir el desempleo.
Los jóvenes no son ajenos a los problemas sociales y políticos del país. Desde movimientos ambientalistas hasta colectivos que luchan por la igualdad de género y los derechos de las minorías, están tomando un rol activo en la construcción de una sociedad más justa e inclusiva. Además, exigen transparencia y ética en las instituciones, están cansados de la corrupción que ha marcado la historia reciente del país.
La pandemia de COVID-19 dejó en evidencia la importancia de la salud mental. Muchos jóvenes han enfrentado ansiedad, depresión y otros problemas psicológicos, agravados por la falta de acceso a servicios de apoyo. Hoy, buscan un equilibrio entre sus metas profesionales y su bienestar personal.
La conciencia ambiental es otra característica de ellos. Están preocupados por el cambio climático, la deforestación y la contaminación, y muchos participan activamente en iniciativas para promover la sostenibilidad. Desde reciclaje hasta proyectos de energías renovables, su compromiso con el medio ambiente es una señal esperanzadora para el futuro del país. Como podemos ver, los jóvenes enfrentan grandes desafíos como: desigualdad, falta de oportunidades, inseguridad ciudadana y un sistema educativo que no siempre responde a sus necesidades. Pero gracias a su capacidad para adaptarse, innovar y luchar por sus derechos son el motor clave para el desarrollo del Perú. Ellos tienen claro lo que quieren y es: un país más justo, solidario, inclusivo y lleno de oportunidades, donde puedan hacer realidad sus proyectos sin necesidad de irse al extranjero. Constituyen los grandes constructores de nuestro futuro victorioso.
Publicado en el diario Ahora Jaén.