Por Mesías Guevara
El Perú atraviesa por una seria crisis política, económica y social, que se refleja en indicadores dramáticos que van desde la inseguridad alimentaria y ciudadana, la existencia de economías criminales y mercantilistas, con millones de peruanos que están exiliados y son discriminados en su propio territorio. Con servicios públicos básicos sin calidad o inexistentes, destacando un precario sistema de salud. Con alto nivel de desconfianza en las instituciones públicas, que incluye a los políticos con sus partidos, y una gran insatisfacción con la democracia. Originando que tengamos un Perú formal, informal e ilegal, y fracturado geográfica y socialmente, donde Lima y las regiones se miran de reojo. Las élites evaden las leyes y los menos favorecidos no tienen acceso al sistema de justicia.
Hemos llegado a esta difícil situación porque el Estado no está cumpliendo a cabalidad con su rol y deberes que están establecidos en la constitución. Tenemos un Estado caracterizado por ser débil, desarticulado, agrietado y corrompido, que se soporta en un débil sistema de control y fiscalización. Destaca por su ausencia, su desconexión con la población y por ser represivo con ella. Es obsoleto, hace poco uso de herramientas digitales, y desincentiva el espíritu emprendedor. Con una gestión que no es meritocrática y sin carrera pública da vida a una burocracia ineficiente, donde existen muchos troyanos sumados a la famosa silla giratoria. El ciclo operativo de la estructura del Estado y sus sistemas administrativos, han conformado un círculo vicioso que ampara la corrupción, la impunidad y la mediocridad.
Tenemos que revertir el rol del Estado, con la convicción de hacerlo fuerte y que esté presente, lo cual no significa que sea grande o estatista, pero que si tenga las herramientas legales y operativas para hacer cumplir la ley e implementar con efectividad las políticas públicas, que permitan la toma de decisiones correctas. Con el objetivo que sea promotor de las inversiones y del emprendimiento garantizándoles el acceso al crédito financiero a bajo costo, regulador de los servicios públicos y protector de los derechos como justicia, salud y educación. Que respete el equilibrio de los poderes y la institucionalidad, para que sea competitivo y conquiste el mercado internacional con una fuerte política exterior.
El objetivo debe ser lograr la transformación del Estado, para que sea ágil, eficaz y transparente, ello será posible a través de la transformación digital, y el uso de sistemas expertos con lo cual tendría la capacidad de gestionar millones de procesos y micro procesos que involucran a la gestión pública. Consolidar una descentralización efectiva y con gestión estratégica del talento humano, que tenga la visión de fomentar la ciencia, la tecnología, la innovación y la digitalización que democratice el acceso al conocimiento. Que relacione con efectividad el pensamiento estratégico con las actividades operativas y el manejo serio de las finanzas públicas, creando un entorno macroeconómico estable y predictible en su grado de intervención. Que gestione los recursos naturales a favor de la nación y haga respetar el cuidado del ambiente. Para ir de un Estado ausente a uno presente, se requiere contar con políticos, funcionarios y trabajadores que tengan principios éticos y un fuerte compromiso para cumplir con las tareas que tienen encomendadas, y alcanzar la efectividad de la gestión pública, dejando de lado el sentido oportunista. Esto se hará posible si se cuenta con una carrera pública meritocrática y un sistema político- electoral, que permita el surgimiento de nuevos liderazgos, sean estos nacionales o regionales, que garanticen la estabilidad política y establezcan una sociedad donde reinen las virtudes humanas más elevadas como: la justicia, la libertad y la solidaridad. Es fundamental promover la participación ciudadana, que se indigne ante la corrupción, la incompetencia y luche por restaurar la democracia.