#VisiónPerú
Por Mesías Guevara Amasifuen
Las últimas encuestas muestran una realidad que muchos analistas prefieren ignorar, cerca del 58% de los peruanos expresan que por ahora no votaría por ninguno de los candidatos, dentro de ellos también está un sector que aún duda. Pero lo más grave no son los números, sino lo que revelan, 3 de cada 4 ciudadanos desconfían de los partidos políticos, y apenas el 5% cree en la democracia. Esta crisis de credibilidad no es casualidad; es el resultado de años de promesas incumplidas, corrupción en todos los niveles de gobierno y una clase política más preocupada por sus privilegios que por el país.
La combinación de desconfianza e incertidumbre está matando la gobernabilidad. Y el problema se agrava porque muchos de los que deberían dar el ejemplo terminan en prisión o involucrados en escándalos de corrupción. Ignoran que el pueblo no puede confiar en líderes que, en lugar de servir, saquean el Estado. La respuesta está en las calles, en el hartazgo de una ciudadanía que ya no cree en nadie.
Es hora de que quienes estamos en la política, desde cualquier espacio, hagamos una autocrítica sincera. No basta con reconocer errores; hay que actuar. Debemos dejar atrás la complicidad, denunciar lo que está mal y trabajar con honestidad para recuperar la confianza perdida. Sin embargo, en la realidad vemos todo lo contrario. Los funcionarios públicos se incrementan los sueldos sin justificación alguna, muchas de las obras públicas se manejan con sobreprecios y «comisiones», y el dinero del pueblo se gasta en viajes, bocaditos, viáticos, lujos y caprichos. Mientras tanto, los organismos que deberían fiscalizar están paralizados o peor, controlados por los mismos que deben ser investigados. Que incluso han llegado a politizar el sistema de justicia, convirtiéndola en un círculo vicioso donde están el Tribunal Constitucional, el Poder Judicial, el Ministerio Público y la Junta Nacional de Justicia, que refleja una lucha por imponer la impunidad.
Han centrado la agenda nacional alrededor del control del ministerio público, con mucha presencia en los medios de comunicación masiva, donde se presentan “juristas” a dar su opinión sesgada e interesada, porque muchos de ellos son abogados que están siendo investigados o representan a sus patrocinados que están encauzados en procesos de investigación. Esta agenda que constituye un conflicto de intereses está muy lejos del interés público.
Y la desigualdad es obscena. Los peruanos luchan de manera honesta por llevar comida a sus hogares, sufren en hospitales colapsados y viven con miedo por la inseguridad. Pero los que están en el poder tienen seguridad privada, salud de primera y salarios que multiplican los de un trabajador promedio. Actúan con cinismo y sin remordimientos a sabiendas que su enriquecimiento viene del sufrimiento ajeno. Las encuestas no mienten, el pueblo muestra su desprecio. Y no es por capricho, sino porque han convertido la política en un negocio oscuro. Si no cambian, si no demuestran con hechos que están para servir y no para sacar provecho personal, el rechazo seguirá creciendo. La historia los juzgará, pero el Perú no puede esperar. O rectifican ahora, o el país seguirá hundiéndose en la desesperanza. La autocrítica no es un discurso, es una obligación. Los políticos y funcionarios públicos que lo hagan se convertirán en luciérnagas que brillarán en las tinieblas que hoy envuelve al Perú.
Publicado en el diario Ahora Jaén.