Por Mesías Guevara
Con el transcurrir del tiempo la política se ha ido desprestigiando de manera creciente, trayendo como consecuencia que la población pierda la confianza en los políticos y los partidos que representan.
Encuestas realizadas por diversas encuestadoras como IEP, dan cuenta que sólo el 13 % de los encuestados está satisfecho con la democracia en la forma que funciona, el 5% tiene interés en la política y el 85% poco o nada tienen confianza en los partidos políticos, donde algunos de ellos están siendo investigados como organizaciones criminales.
Esta realidad ha hecho que los peruanos de buena voluntad que en su mayoría son capaces, honestos y trabajadores no participen en esta importante actividad, dejando que un pequeño grupo tomen el control de la política. Este pequeño grupo está caracterizado por no tener solvencia moral y sensibilidad social, destaca por su falta de apego a las buenas costumbres, porque ven al Perú como un botín y forman cofradías para diseñar estrategias de cómo ganar procesos electorales, muchas veces haciendo alarde de tener poder económico.
Este pequeño grupo que en su momento Jorge Basadre los calificó como “podridos”, tiene como objetivos satisfacer su ego personal, apoyar abiertamente las prácticas mercantilistas y las economías criminales, para quienes les genera no solo impunidad, sino también el marco legal necesario para que puedan desarrollar sus actividades ilícitas.
Los peruanos y peruanas de buena voluntad son intimidados por ese grupo minoritario, porque cuentan con una sólida organización, facilidad de acceder a los medios de comunicación y demostración de un gran poder económico. Como consecuencia de ese miedo, los buenos ciudadanos son inmovilizados, no se organizan y optan por alejarse de la política, dejándoles el campo libre.
Dejan ese campo libre a los “podridos”, y a los angurrientos por el poder, argumentando: “que no viven de la política”, que “la política no sirve” y “no son políticos”. Argumentos errados y distantes de la realidad. Porque es a través de la política que se dictan las normas que rigen en nuestro país, tales como: la política tributaria y monetaria, la defensa del consumidor de las prácticas mercantilistas, la calidad educativa, la defensa de los derechos de los trabajadores, la explotación de los recursos naturales, el sistema de compras del estado, la orientación de la inversión pública, entre otras importantes y necesarias actividades, que impactan en el desarrollo del Perú y en la vida cotidiana de los ciudadanos en general.
Como consecuencia de ello terminan dando un cheque en blanco a los que forman parte de una clase política mezquina, interesada, que por lo general sienten desprecio por la población. Ellos viven y actúan sólo para satisfacer sus intereses personales y las de sus auspiciadores. Cuyo impacto es en el presente y futuro de la población en general, que sienten las acciones negativas de un sistema de salud y educativo de baja calidad, un sistema financiero con altas tasas de intereses y la incertidumbre de nuestra economía.
Ante este escenario es menester recordar que la política es el arte de gobernar, y que los políticos tienen la obligación de servir a la población y no servirse del encargo que el pueblo generosamente les ha dado. Aristóteles decía: “El hombre es un animal político”. Y el ateniense Pericles expresaba: “Miramos al que rehúye de ocuparse de política, no como una persona indiferente, sino como ciudadano peligroso…”
Por lo que no vale mirar del balcón, todos debemos participar activamente en política, ejerciendo nuestro derecho de elegir y ser elegidos, interesarnos en los temas de interés público y evitar dejar el futuro de nuestro país, en manos de los “podridos”, y de aquellos que sólo pretenden saquear o incendiar nuestra patria. Con una actitud vigilante, evitemos que estos nos conviertan en un país inviable, así como evitar que estos, desaparezcan el futuro prometedor de los jóvenes de hoy y de los peruanos del mañana.
Publicado en el diario Ahora Jaén