Por: Mesías Guevara Amasifuén
Nuestro pueblo, el Perú, demanda hoy más que nunca la instauración de una sociedad elevada, donde impere la justicia, libertad, solidaridad, seguridad, el orden e igualdad de oportunidades; por ello, somos conscientes que mientras nuestra vida cotidiana y futuro, sigan siendo afectados por la corrupción, el desempleo y pobreza, la realidad nos enrostrará dramáticos indicadores de mortalidad, morbilidad, desnutrición y analfabetismo, que son el natural caldo de cultivo de la violencia social.
Tenemos ante nosotros, como prioritaria necesidad nacional, el gran reto de transformar el Estado y satisfacer las demandas sociales inaplazables; para lo cual debemos tener la capacidad de generar capacidad de gestión regional y local, sin reproducir nuevos centralismos: Eliminando de raíz el negocio del poder en provecho propio, y el gasto fiscal improductivo; removiendo de esta manera, las formas mercantilistas de gobernar, que generan privilegio, marginación y más pobreza.
Sin embargo, para encontrar y sostener el rumbo, que nos permita salir del subdesarrollo, es necesario una actuación conjunta y solidaria de todos nosotros, en un marco de pleno respeto a los derechos ciudadanos y cumplimiento de los deberes correspondientes. Con mayor razón aún, si tomamos en cuenta, que la transformación de un país, debe sustentarse en la sabiduría creadora y acción solidaria de los pueblos, forjando ciudadanía, democracia y desarrollo desde abajo; reconociéndonos para el efecto, como un país heredero de una cultura milenaria, que supo encontrar en la participación social, el pilar fundamental de su desarrollo; y estableciendo para ello, un sistema de innovación nacional que nos permita generar conocimiento científico y desarrollo tecnológico.
Pero la tarea, sería inútil, si no atendemos al ser humano, razón de ser de todo este esfuerzo nacional; por lo que resulta básico promover el desarrollo de sus capacidades, y sentimientos basados en sólidos principios éticos y morales; que le permitan desenvolverse en todos los campos del saber y en la gestión de actividades económicas, sin desnaturalizar los grandes fines que la Nación toda persigue. Superando el atraso mediante la justa distribución del tener y del saber, y el fortalecimiento de la autoestima nacional. De lograrlo habremos efectuado una verdadera revolución en todo sentido.
Nos reafirmamos, también en el esfuerzo conjunto de abatir a la pobreza, para lo cual es necesario contar con más inversión, en más espacios y más manos, la misma que se oriente a los fines ya antedichos; para lo cual se ha de emprender una cruzada nacional que culmine con: brindar educación de calidad, y cultura a todos nuestros compatriotas. Es decir, mejorando el saber; y en su dimensión la calificación laboral; generando empleo productivo, potenciando e innovando el aparato productivo, creando infraestructura, incrementando nuestras exportaciones, distribuyendo el ingreso con equidad e integrando las economías excluidas del país al mercado nacional y global.
Con mucha satisfacción debemos expresar, que recorrer el Perú nos llena de vitalidad. La nobleza de su gente, la biodiversidad que por doquier se manifiesta y nuestro inestimable patrimonio histórico-cultural, afirman de hecho nuestra confianza en nosotros mismos, y eleva nuestra autoestima. Actuemos con sabiduría necesaria para que podamos administrar adecuadamente los recursos naturales, que generosamente nos continúa brindando la madre naturaleza, en beneficio de todos y no solo de un grupo minoritario. Estoy seguro de que los peruanos sin exclusiones, saldremos adelante, convocando para el efecto a todas las voluntades en torno a los grandes objetivos nacionales compartidos, para caminar con firmeza y esperanza hacia el mañana prometedor.
Publicado en el Diario Ahora Jaén