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25/12/2023

Feliz Navidad para todos

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Por: Mesías Guevara Amasifuen

Navidad es tiempo de reflexión de reencuentros y de buenos sentimientos. No hay lugar para el rencor, el odio y la desesperanza porque los corazones se llenan de amor, fe, paz y esperanza, porque ha nacido Jesús. Aunque muchas veces de manera silenciosa aparece la melancolía haciéndonos lanzar un suspiro al aire acompañado de una lágrima solitaria, ocasionado por el recuerdo de un familiar que se ha marchado al eterno oriente o está en tierras lejanas. Invoco a Dios que detenga o alargue este día para recordar, reflexionar y actuar en busca del bienestar de la población y que nos de sabiduría para vivir en paz.   

Cierro los ojos, detengo el tiempo y viajo a mi infancia, allí veo a mi abuelo, Don Mesías Guevara Olano. A él siempre le gustaba ver reunido a su familia, en especial a sus hijos y nietos. Cuando ello se producía todos estábamos felices, y se daba fundamentalmente en Navidad, fecha en que se celebraba su santo. Las reuniones se realizaban en Colasay o en Juan Díaz una pequeña comarca cuyo suelo es besado por las inquietas aguas del rio Huayllabamba. Recuerdo que en una oportunidad todos coincidimos en Juan Díaz, mi abuelo estaba feliz, en su rostro se dibujaba una amplia sonrisa. A los nietos nos ordenaban en fila india frente a mi abuelo, cada quien debía  expresar un saludo, ya sea en canción, en poema o en un te quiero abuelo. Mis tíos se reverenciaban y le estrechaban un fuerte abrazo. La felicidad era grande y se irradiaba por todo el salón. En ese entonces para llegar a Juan Díaz desde Colasay, se tenía que caminar cerca de 10 horas, cruzar la montaña bajo el intenso sol y a veces con lluvia.

Después del acto protocolar todos se preparaban para bailar, beber y comer cuyes con buñuelos con miel de caña. Mi abuelo cogía su concertina que manejaba con destreza y gran habilidad, con la rapidez de sus dedos la hacía cantar, los hermanos Villalobos lo acompañaban con sus redoblantes que estaban listos para entrar en acción, Eusebio y Octavio hacían vibrar sus quenas a fuerza de pulmón, al ritmo de una picara marinera todos se ponían a zapatear. Todos bailaban nadie se quedaba sentado, había jolgorio en Juan Díaz, se estaba celebrando el santo de mi abuelo. El repertorio era variado, entre las melodías se escuchaban: “me dicen ya te casas, pero no se sabe cuándo…”. Las quenas vibraban con sonidos altos, graves y agudos, los dedos de Octavio y Eusebio se movían con rapidez, huaynos, marineras y yaravíes se escuchaban entonar. Mi abuelo de vez en cuando dejaba su concertina y se lanzaba al ruedo con el pañuelo en alto agitándolo al viento, movía los pies con agilidad al ritmo de la música. Los hermanos Villalobos golpeaban fuerte a los redoblantes arrancándoles corajudos sonidos que entusiasmaban al alma hasta hacerlo zapatear.

Mientras los mayores celebraban, nosotros nos distraíamos en el campo de futbol, pero el inquieto Santiago el de oreja mocha, nos invitó a jalar fruta, diciéndonos: “vamos a la finca de mi tía Hermelinda, es época de zapotes y naranjas”. Todos asentimos y nos fuimos, la comitiva además de mi persona y de Santiago estaba conformada por Florencio y mis primos Jaime, Norbil y Mario. El camino estaba húmedo el día anterior había llovido, nuestros pantalones estaban empapados por el rocío. Los árboles eran muy altos y nosotros muy pequeños, no pudimos coger fruto alguno, intentamos subir, pero nos quedamos a mitad del árbol. Tuvimos que contentarnos con los zapotes que de maduros y por la lluvia habían caído.

A nuestro regreso nos topamos con un ejército de hormigas arrieras todas marchaban de manera disciplinada llevando sobre sus hombros alguna hoja seca caída por el viento y la lluvia rumbo a su panal.

Abro los ojos y siento que este grato recuerdo me arranca un suspiro melancólico, pero a la vez me da la fortaleza, la esperanza y la que juntos algún día de manera solidaria podemos encontrar el desarrollo de nuestro país con una sociedad donde haya oportunidades y realidades para todos, donde nos reconozcamos como hermanos, sin discriminación económica, social y religiosa. Que seamos parte de un colectivo que tenga alta conciencia cívica, que sea educada, que respete el medio ambiente y con elevados principios éticos. Que además de buscar el progreso personal y familiar también busquemos el progreso de la nación. Hagamos un alto en nuestras vidas cerremos los ojos viajemos al pasado y proyectémonos al futuro para hacer realidad nuestros sueños y proyectos, sintamos la satisfacción de poner un granito de arena en la construcción de un pueblo que sea justo, libre y soberano. Y que nuestras almas en silencio y en el espacio sideral celebren el nacimiento de Jesús y al unísono griten: ¡¡Feliz navidad para todos!!

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