Por Mesías Guevara
En la vida todos tenemos vivencias que quedan guardados como recuerdos en nuestras mentes y corazones, muchos de ellos nos arrancan un suspiro melancólico, quizás un lagrima escondida, otros nos transportan a la lejanía del tiempo pasado y como una película se nos presenta en el tiempo presente con el título de vivencias. En esa película veo mis pasos recorrer por las calles de Jaén junto a mis amigos de barrio. Era tiempo de alegría, de dolor y de palomillada, que formó el carácter para conquistar el mundo.
En ese viaje imaginario llego a las Pirias, que al igual de los demás distritos de Jaén, es muy acogedor y está conformada por gente muy honesta y trabajadora. Su principal actividad es la siembra y cosecha del café, la cual requiere contratar a peones para realizar las faenas diarias. Entre esos peones estaba Jesús Llatas, al que conocíamos como “Jesho no paga”. Jesho no estaba en sus cabales mentales, era un niño grande. A propósito de los cafetales existentes en Jaén y San Ignacio, en el 2021 con la plataforma multiactor establecimos la Expo Café Cajamarca, aquí merece una mención especial el padre José Debernardi y Marino Quiroz.
Volviendo a Jesús Llatas, recuerdo que le pusieron “Jesho no paga”, porque cuando viajaba de Jaén a las Pirias no pagaba su pasaje. Sin embargo, los que trabajaron junto a él dicen, que a pesar de sus limitaciones mentales y de su apego al aguardiente, era buen trabajador. Estaba caracterizado por su baja estatura, tez trigueña y cabello ondulado, era dueño de una mirada triste y melancólica y nacimiento cutervino. Vestía un pantalón remendado que era sostenido por un pedazo de soga amarillenta y sus pies desconocían la existencia de los zapatos.
Cuando Jesho se quedaba en Jaén, era presa de la inclemencia de nuestras palomilladas. Le disgustaba que le hagamos recordar su costumbre de no pagar su pasaje. Dormía en la cochera de la casa de la familia Montenegro que estaba ubicada frente al parque progreso hoy Miguel Grau. Nos juntábamos e íbamos en su busca, empezábamos a decirle “Jesho no paga”, al escuchar este coro irrespetuoso, se levantaba de su lecho, empuñaba un palo en su mano izquierda y en la derecha, cogía una piedra que lanzaba con ira a nuestra humanidad. Con osadía lo esperábamos muy cerca y nos poníamos en su mira, él lanzaba las piedras y nosotros con un ágil movimiento las esquivábamos. La persecución era por las calles de Jaén, era una maratón, un juego peligroso que se repetía periódicamente. Mientras lanzaba las piedras emitía un grito de guerra en la que con furia decía: “La cholada”. Algunas piedras caían en los techos de calamina, otras en los vidrios de las ventanas y las puertas de madera.
Había momentos de tregua, a veces nos cruzábamos por las calles intercambiando miradas silenciosas, ambos entendíamos, que el momento no era propicio para una maratónica persecución, tampoco de romper la paz y la quietud de un día soleado. Mientras tanto, en las radios se escuchaba las voces de Palito Ortega y Marisol, entonar “tengo el corazón contento lleno de alegría, quiero que sepas que mi vida comienza, desde que te conocí….”, era el musical del momento.
Lo anecdótico, es que al final, mis amigos de barrio, por tener mi cabello ondulado me pusieron el mote de “Jesho”. Jesús Llatas, ya no está en esta vida y nosotros ya nos somos los niños traviesos, pero cada vez que nos encontramos, nos ponemos a recordar, cuando formábamos el pelotón con nuestras pequeñas humanidades y que temerariamente corríamos sorteando las piedras que él nos tiraba. Hoy, enfrentamos y sorteamos los avatares de la vida.
En Jaén no había televisión, en las casas reinaba la luz de las velas y de los candiles que con generosidad nos iluminaban para poder estudiar y matar zancudos que caminaban por las paredes de nuestras casas. La inexistencia de la televisión no nos imposibilitaba ver películas, para ello estaban el cine Jaén y Juan Cotrina un joven emprendedor que había llegado a un acuerdo con los dirigentes el Club Cultural Bracamoros para proyectar películas sobre una pared del principal salón. El salón como no tenía sillas menos butacas, nos sentábamos en el suelo.
Recuerdo que una noche vimos la película: Santo el enmascarado de plata, que junto a Jorge Rivero eran los buenos, con valentía se enfrentaban a los malos, en “la venganza de llorona”. De antesala pusieron la cumbia que era cantada por los melódicos: “María Morena, tus lagrimas quedaron en la arena, lloraste a pesar de ser tan buena,… en la playa te ven llorar”. Al recordar nuestras vivencias consolidamos nuestras raíces en nuestro pueblo y a quererlo más, recordamos a nuestros padres, abuelos y personalidades que cuales guerreros, nos trazaron la ruta hacia la prosperidad, con la conciencia de la existencia de desafíos que debemos superar, para hacer que nuestra ciudad sea culta, saludable y segura. Es un lugar mágico y musa de inspiración de cantautores como Adolfo Chira que nos ha legado Jaén milenario.
